Tengo que volver a las razones por las que te dejé para no pensar en los motivos por los que te amo. Ni esta playa de Portugal me aleja lo suficiente de ti, ni la compañía del hombre bueno que dormita a mi lado.
Cierro los ojos y dejo al oído que ocupe el lugar de la vista. Los objetos a mi alrededor interpretan una curiosa partitura.
El mar que fustiga la orilla es el bajo continuo e insiste en repetir "estúpida" cada vez que descarga su látigo de espuma contra la arena.
El contrapunto lo dan las risas de las gaviotas.
La cadencia de la pelota de palas marca el compás mientras una pareja de jóvenes españoles cantan a dúo el pis de su hija: negocian quién cambiará el pañal.
Huele a pesca seca, pero ese es otro sentido distinto al que he escogido hoy. Hoy sólo escucho; me escucho.
Olvidarte es la única manera de que vuelvas.
sábado, 19 de abril de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
TODO ES NIEVE ALREDEDOR
No hay luna enmarcada en la ventana sino un patio de chimeneas. Al fondo nos espera una cama grande y dura forrada de sábanas radiantes y almohadas blandas.
Después de tanto tiempo debería ser todo raro. Raro tu olor, rara tu piel, raro tu sexo,
pero es como volver a casa, salvo por las paredes anónimas que nos rodean.
No puedo esperar a que lo hagas tú y te desnudo; quiero volver a ver tu ropa interior blanca; quiero verte contonear tus carnes blancas de nácar; enroscarte como una boa albina ahíta sobre las radiantes sabanas blancas y las blancas almohadas blandas.
Miro mi cara en el espejo y me avergüenzo. Me has atraído después de abandonarme, y aquí me tienes, entregado, rendido, incapaz de salir huyendo de tus dulces brazos.
Y vas a cobrarte tu presa cual araña cautivadora y peligrosa. De frente yo en el espejo, excitado; debajo tú sobre la cama, llorando. ¿Por qué lloran las arañas cuando se abrazan a su bocado?
Después de tanto tiempo debería ser todo raro. Raro tu olor, rara tu piel, raro tu sexo,
pero es como volver a casa, salvo por las paredes anónimas que nos rodean.
No puedo esperar a que lo hagas tú y te desnudo; quiero volver a ver tu ropa interior blanca; quiero verte contonear tus carnes blancas de nácar; enroscarte como una boa albina ahíta sobre las radiantes sabanas blancas y las blancas almohadas blandas.
Miro mi cara en el espejo y me avergüenzo. Me has atraído después de abandonarme, y aquí me tienes, entregado, rendido, incapaz de salir huyendo de tus dulces brazos.
Y vas a cobrarte tu presa cual araña cautivadora y peligrosa. De frente yo en el espejo, excitado; debajo tú sobre la cama, llorando. ¿Por qué lloran las arañas cuando se abrazan a su bocado?
sábado, 1 de marzo de 2014
lunes, 3 de febrero de 2014
A mar y cantos
Yo soy los cantos negros de la playa que gimen cuando el mar deja de lamerlos. Los miro hipnotizada y no puedo evitar jugar a hundir mis pies entre piedras y algas y después sacarlos y ponérselos a una ola para que me los lave.
Juego yo; tú hablas ajeno a la música de crótalos.
Juega también el sol de tarde con las nubes y siento frío y me besas, es hora de marcharse. Y estoy en otra parte porque hago un
viaje que terminaré mañana.
Mañana me agarraré con fuerza a ti y lloraré para soltar todo el miedo
que me da la vida. Será un instante de vértigo y no lo entenderás; sólo sentirás que he dejado en tus manos algo frágil y remendado y no sabrás qué hacer con ello.
sábado, 1 de febrero de 2014
Frío por dentro
Lo hemos dejado en el mismo lugar donde lo empezamos el verano pasado.
Y hemos cambiado. Tanto como el perfil de Madrid al que das la espalda y yo miro atravesándote como si no existieras. Entonces se derretía; ayer se congelaba casi tanto como mi corazón.
Nunca más te fiarás de una mujer que no endulza su café.
Me despediste como nos saludamos aquella primera vez, con un beso en la mejilla, pero éste sabía a fin.
Quise darme la vuelta para decirte adiós con la mano y el gesto conciliador se me quedó ridiculamente colgando en el aire. Ya estabas dentro de tu coche y mirabas hacia delante. Noté alivio; no hubiera podido simular que flaqueaba.
Sé que esta mañana te sentirás a morir pero no puedo hacer nada por ti salvo embutirme de nuevo el traje de libertad para ayudar a que cierre tu herida.
Sólo se conoce a una mujer cuando se la deja marchar.
Ámame para siempre.
Y hemos cambiado. Tanto como el perfil de Madrid al que das la espalda y yo miro atravesándote como si no existieras. Entonces se derretía; ayer se congelaba casi tanto como mi corazón.
Nunca más te fiarás de una mujer que no endulza su café.
Me despediste como nos saludamos aquella primera vez, con un beso en la mejilla, pero éste sabía a fin.
Quise darme la vuelta para decirte adiós con la mano y el gesto conciliador se me quedó ridiculamente colgando en el aire. Ya estabas dentro de tu coche y mirabas hacia delante. Noté alivio; no hubiera podido simular que flaqueaba.
Sé que esta mañana te sentirás a morir pero no puedo hacer nada por ti salvo embutirme de nuevo el traje de libertad para ayudar a que cierre tu herida.
Sólo se conoce a una mujer cuando se la deja marchar.
Ámame para siempre.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Con piel de naranja
La culpa es de Pietro Baj y de los 32 años que han pasado desde entonces, que me han vuelto nostálgica.
Buscaba palabras que tuvieran que ver con mi nombre para el título de este nuevo blog y me vino a la cabeza aquel chaval milanés de 13 años que conocí en un viaje de estudios a Londres. Un chico tenaz que como buen cachorro italiano ya tenía dotes para el arte del cortejo. No escatimaba esfuerzos: lo mismo me hacía dibujos en el cuaderno de inglés, que me escribía notitas y poemas que luego depositaba furtivamente en mi mano.
Es curioso, recuerdo perfectamente el nombre y apellido del pelmazo de Pietro Baj, pero no recuerdo en absoluto el nombre de aquel otro italiano de aspecto intelectual por cuyos huesos yo suspiraba (que por supuesto no me hacía ni el más mínimo caso, no sé si por lealtad hacia su amigo Pietro o porque yo le parecía una cría insulsa). Ahora que sé más de hombres que entonces albergo la esperanza de que lo suyo fuera lealtad y no indiferencia. Claro, que también podría darse el caso de que hubiera sido un intelectual gay y yo ni me habría percatado.
El caso es que ya fuera indiferente, leal o gay el amigo de Pietro, este blog se titula 'Aranciata esagerata', no porque yo me pueda aplicar la prosopopeya del zumo de naranja, que no es el caso, sino porque aquel chaval simpático y muy pegajoso me perseguía por la calle cantándome la publicidad de la Aranciata (se pronuncia 'aranchata')
'Aranciata, il gusto che non ti aspetti!'
Ni que decir tiene que aquel verano aprendí mucho más italiano que inglés: ¡era imposible no sustraerse al encanto de aquellos poemas escritos en la lengua de Petrarca!
Bien lo sabía Pietro: persevera que algo queda.
Buscaba palabras que tuvieran que ver con mi nombre para el título de este nuevo blog y me vino a la cabeza aquel chaval milanés de 13 años que conocí en un viaje de estudios a Londres. Un chico tenaz que como buen cachorro italiano ya tenía dotes para el arte del cortejo. No escatimaba esfuerzos: lo mismo me hacía dibujos en el cuaderno de inglés, que me escribía notitas y poemas que luego depositaba furtivamente en mi mano.
Es curioso, recuerdo perfectamente el nombre y apellido del pelmazo de Pietro Baj, pero no recuerdo en absoluto el nombre de aquel otro italiano de aspecto intelectual por cuyos huesos yo suspiraba (que por supuesto no me hacía ni el más mínimo caso, no sé si por lealtad hacia su amigo Pietro o porque yo le parecía una cría insulsa). Ahora que sé más de hombres que entonces albergo la esperanza de que lo suyo fuera lealtad y no indiferencia. Claro, que también podría darse el caso de que hubiera sido un intelectual gay y yo ni me habría percatado.
El caso es que ya fuera indiferente, leal o gay el amigo de Pietro, este blog se titula 'Aranciata esagerata', no porque yo me pueda aplicar la prosopopeya del zumo de naranja, que no es el caso, sino porque aquel chaval simpático y muy pegajoso me perseguía por la calle cantándome la publicidad de la Aranciata (se pronuncia 'aranchata')
'Aranciata, il gusto che non ti aspetti!'
Ni que decir tiene que aquel verano aprendí mucho más italiano que inglés: ¡era imposible no sustraerse al encanto de aquellos poemas escritos en la lengua de Petrarca!
Bien lo sabía Pietro: persevera que algo queda.
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